Casi todas las resoluciones horarias abordadas en este atlas alejaron a las ciudades de su sol astronómico.
España se mudó a la hora de Berlín en 1940 y jamás regresó. Malasia y Singapur redondearon al alza en 1982. Turquía se ancló permanentemente en UTC+3 en 2016. Islandia abolió el cambio estacional en 1968 conservando el horario de verano para siempre. En cada uno de esos casos, un gobierno prefirió el confort burocrático sobre la fidelidad astronómica, ensanchando la brecha entre el reloj y el cielo.
Solo cuatro territorios recorrieron el camino inverso.
ASTANÁ, 2024 — el caso más rotundo y más reciente.
Durante 96 años, Kazajistán estuvo partido en dos zonas horarias: UTC+5 en el oeste y UTC+6 en el este. El 1 de marzo de 2024, todo el país se unificó bajo un único huso: UTC+5. Los relojes de Astaná, Almaty, Shymkent y doce provincias enteras se retrasaron una hora.
El motivo esgrimido convierte el suceso en extraordinario. La comunidad científica kazaja demostró que UTC+6 no guardaba correspondencia con el tiempo solar natural y perjudicaba los ritmos biológicos y la salud de los ciudadanos. El parlamento optó por el huso más próximo al astro rey.
Astaná pasó de vivir 74 minutos por delante de su mediodía solar a estar a solo 14 minutos de diferencia.
→ Astaná
LISBOA, 1976 y 1996 — dos veces rechazada, dos veces revocada.
Portugal se halla en los 9° oeste, en el mismo corredor geográfico de Gran Bretaña e Irlanda, y le corresponde por derecho natural el Tiempo Medio de Greenwich (GMT). Aun así, probó la Hora Central Europea en dos ocasiones: de 1966 a 1976 y de 1992 a 1996. En ambas rectificó.
La segunda rectificación la encabezaron las confederaciones de padres de alumnos: los niños marchaban a clase en una oscuridad absoluta y protestaban al irse a la cama porque la noche aún no había caído.
→ Lisboa
CARACAS, 1912 y 2007 — el meridiano idóneo, abrazado dos veces.
Venezuela tiene su corazón geográfico en torno a los 67°30′ oeste, prácticamente a mitad de camino entre los meridianos de 60° y 75°. Ningún huso de hora redonda encaja bien en su geografía.
En 1912, el país proclamó el huso UTC−4:30, centrado con exactitud en el meridiano sobre el que descansa. Caracas quedó a escasos dos minutos de su mediodía solar. Claudicó en 1965 para seguir el uso de horas enteras y lo recuperó con solemnidad en diciembre de 2007.
Volvió a desestimarlo en 2016 durante una grave crisis eléctrica. Hoy Caracas funciona unos 28 minutos adelantada al sol.
→ Caracas
SEÚL, 1954 — la restitución del meridiano precolonial.
Corea adoptó UTC+8:30 en 1908, referenciado a los 127,5° este, longitud idónea para la península. En 1912, bajo la dominación colonial japonesa, el gobernador general la arrastró a UTC+9 para mimetizarla con Tokio.
El 21 de marzo de 1954, el gobierno nacional restauró el UTC+8:30, restableciendo el estándar precolonial y más riguroso. Se mantuvo vigente hasta 1961, año en el que el país regresó a UTC+9 alegando operatividad comercial con sus aliados exteriores.
Seúl ha disfrutado de su huso astronómicamente exacto dos veces en la historia, y ha renunciado a él en ambas.
→ Seúl
El hilo conductor de estos cuatro episodios.
Poco comparten, más allá de que en todos ellos alguien se atrevió a defender la evidencia en voz alta. Madres y padres portugueses señalando las mañanas a oscuras. Médicos y biólogos kazajos defendiendo el ciclo circadiano. Mandatarios venezolanos y coreanos reivindicando el meridiano sobre el que habita su pueblo.
En el resto del mapa mundial, el reloj se movió por pactos mercantiles, por afinidad diplomática, por decreto de una potencia ocupante o por una factura eléctrica. Y a nadie se le ocurrió consultar al sol.