Dos veces al año, aproximadamente un tercio del planeta mueve las agujas de sus relojes. Los otros dos tercios o bien nunca empezaron, o bien lo probaron y lo abandonaron.
Ese abandono se ha acelerado y merece ser observado con detenimiento, porque los argumentos son siempre idénticos pero los resultados no.
Estambul — Turquía abolió el horario de verano en 2016 y fijó el país de forma permanente en UTC+3. Los relojes ya no se modifican jamás, ni por temporadas ni por ningún otro motivo.
São Paulo — Brasil lo abolió en 2019. El razonamiento oficial fue que el ahorro energético se había evaporado sigilosamente: el aire acondicionado sustituyó a la iluminación como el gran consumidor eléctrico, y al aire acondicionado no le importa lo que marque el reloj.
Ciudad de México — México lo abolió en octubre de 2022 tras veintiséis años de vigencia. El argumento definitivo no tuvo que ver con la energía: tuvo que ver con los niños que caminaban hacia la escuela en la oscuridad matutina.
Honolulu — Hawái se desmarcó en la década de 1960 y jamás regresó. A 21° norte apenas hay variación estacional de luz que aprovechar: el día más largo dura unas 13 horas y 26 minutos, y el más corto cerca de 10 horas y 50 minutos.
Bogotá — Colombia nunca lo adoptó, por la razón más evidente del mundo. Bogotá se ubica a 4,6° norte. El día más largo del año dura unas 12 horas y 10 minutos; el más corto, unas 12 horas y 6 minutos. No hay nada que ahorrar.
Karachi — Pakistán lo intentó tres veces, en 2002, 2008 y 2009, siempre en plena crisis de suministro eléctrico. Cada tentativa fue descartada y desde entonces no ha vuelto a mover sus relojes.
Daca — Bangladés lo probó una vez, en 2009, generando el desenlace más insólito de esta colección. El horario de verano debía concluir el 30 de septiembre. Tras quejas ciudadanas, el gobierno pospuso el final hasta el 31 de diciembre; de modo que el país pasó octubre, noviembre y diciembre en horario estival, en pleno invierno. La repetición prevista para 2010 se canceló nueve días antes de comenzar.
Moscú — La trayectoria de Rusia es la más prolongada y enrevesada: hora por decreto en 1930, horario de verano superpuesto en 1981, decreto abolido en 1991 y restituido en 1992, horario de verano permanente en 2011 y horario estándar fijo desde 2014.
Sídney — Australia nunca lo resolvió a escala federal, al ser potestad de cada estado. Queensland votó que no en el referéndum de 1992. Australia Occidental ha votado que no en cuatro ocasiones. Nueva Gales del Sur votó sí en 1976 y cambia la hora puntualmente cada año.
Lisboa — El caso de Portugal resulta el más instructivo, porque Portugal no se opone al cambio estacional; de hecho lo mantiene. Lo que Portugal rechazó fue el modelo español: se pasó a la Hora Central Europea en dos periodos (1966–76 y 1992–96) y dio marcha atrás en ambos. Las asociaciones de padres sentenciaron el segundo intento: los niños acudían al colegio a oscuras y no querían irse a la cama porque la calle aún brillaba a plena luz.
Al leer todos estos motivos juntos, salta a la vista un patrón indiscutible. Casi nadie suprime el cambio de hora por balances de vatios. Lo suprimen por las mañanas, y por los niños.